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domingo, 7 de octubre de 2012

II El final de las incertidumbres

TRABAJEMOS POR LA JUSTICIA, SI QUEREMOS LA PAZ...

LA PAZ SE CONSTRUYE CON LA JUSTICIA HACIA LA INTERNACIONAL HUMANA

 


Hace algún tiempo escribí sobre lo que me parecía "el final de las incertidumbres", hoy recupero este texto de Pedro Casaldáliga, que aunque desde una perspectiva confesional, comparto y subscribo. Morimos cuando la utopía está muerta en nosotros y nosotras! Con cariño para aquellos y aquellas que pensáis que otro mundo es posible, empezando por nuestro propio compromiso.



Pedro Casaldáliga
Obispo de São Félix do Araguaia, Brasil.

El actual sistema mundial cruje y muchos así lo reconocen. Hasta en las altas esferas de los organismos que comandan el sistema surgen cada día voces nuevas que se suman al ejército de los convencidos de que el actual (des)orden no tiene salida sino con un cambio estructural. Ya son pocas las voces que se atreven a repetir la cantinela de décadas pasadas: "estamos en el mejor de los mundos posibles", o "no hay alternativa".
SON VOCES SIN SENTIDO.

Decididamente, la "altermundialidad" venció sobre la ideología de la "inevitabilidad". Aquel tímido grito que comenzó en torno al Foro Social Mundial - "otro mundo es posible .Otro mundo mejor.-,ha dado efectivamente la vuelta al mundo y se ha hecho clamor,
voz común, unificada, internacional. Sí, es la altermundialidad: afirmamos que no estamos en el mejor de los mundos posibles, que no es inevitable esta actual situación del mundo y que "otro mundo es posible": "Un Mundo Mejor" Ahora bien, el otro mundo posible, mejor, no caerá del cielo, ni amanecerá un día cualquiera. ¿Cómo vendrá? ¿Quién lo construirá? ¿Qué hará que vaya surgiendo? Lo primero que habrá que hacer para construir el mundo nuevo será "soñarlo". Lo nuevo no vendrá más que si hay muchos y muchas que lo "sueñan utópicamente", que se esfuerzan por "configurarlo como
sueño y proyecto", como <esperanza>. Para que venga el mundo nuevo, hay que poner a trabajar la *imaginación, *la fantasía, la *esperanza, la *utopía. "Soñar el otro mundo posible es un -primer paso- para provocarlo, para darlo a luz. ¿Cómo será ese otro
mundo? ¿Cómo debería ser? Un "sueño colectivo", muchas voces en "fantasía
comunitaria", soñando los diversos aspectos, elementos, dimensiones. del otro mundo que es posible y que queremos que sea real. No quiere ser - protesta-, sino <propuesta>. He aquí el otro mundo posible que queremos, el mundo futuro que soñamos, el <mundo real-ideal> en que deseamos vivir. Ahora no se trata sólo de propuestas menores, locales, parciales, dispersas, coyunturales, aunque necesarias y articuladas sistemáticamente.
 
En conjunto se trata de la propuesta, la propuesta de "un mundo otro", un proyecto para "el mundo otro". Se trata pues de "tocar" el corazón del sistema, las grandes instituciones, los poderes que condicionan o posibilitan. En todo caso, el grito más común es
"queremos otra cosa": la "alternatividad". Eso lo pide y lo posibilita la "mundialidad" que estamos viviendo, por la comunicación y el conocimiento que todos podemos tener sobre lo que pasa y lo que no pasa. Y porque sentimos que todos somos afectados por los mismos poderes, los mismos peligros y los mismos sueños cuando soñamos humanamente. Estamos bajo el mismo sistema. Cada vez más, en un sentido cierto, percibimos que
estamos en un solo mundo, un mismo mundo, y que somos entre todos y todas una misma Humanidad. Estamos en un "momento privilegiado" para "hacernos cargo del mundo y participar". Los otros, ya estaban en esa situación, ya se habían tomado el mundo
por su cuenta y además no tenían enfrente a nadie que les contestara mundialmente.
 
Hay que "soñar con construir otro mundo posible", "crearlo" e ir "construyéndolo". Es tarea cada vez "más mundializada", más globalizada, más en red, más en coordinación
con comunidades de cerca y de lejos, de mi región y de otros continentes. La red acaba de empezar apenas ha sido el día de la primera manifestación mundial. Una nueva época ha nacido, una nueva militancia está empezando: "mundializada, organizada
internacional e intercontinentalmente". Es urgente crear una especie de la <Internacional de la sociedad civil democrática mundial>. Sabemos que "es utopía y que por eso mismo va a ser y será". Todos los corazones sanos la quieren y, por otra parte, queremos irnos comprometiendo entre todos y todas a hacer de la "utopía una creciente realidad". No es una sorpresa que surgirá un día, como una "flor sin suelo de lucha", ni "un milagro que
caerá del cielo", sin los esfuerzos de la tierra. "Todas las manos, todas, todas las voces, todas". Como se hablaba de la internacional obrera y por ella se luchaba, ahora habrá que hablar cada vez más de la <Internacional Humana>, la "Internacional Socialista Democrática" y luchar por ella.

Eso es también lo que piden todas las religiones cuando responden a su vocación de portadoras de sentido e, indicadoras de horizontes últimos. Lo piden además desde dentro, yendo a ese "hondón", de donde salen el bien o el mal, el manantial del
cambio, no sólo un cambio de época, sino también y sobre todo un cambio personal, como lo es epocal. Simultáneamente al avance que la humanidad ha dado, al afirmar al unísono, que "otro mundo es posible" y, al llevar esta afirmación de alternatividad a una "convicción" ya pacíficamente poseída, la invasión de EE.UU. contra Irak nos ha retrotraído, en el plano internacional, como no hubiéramos podido imaginar.
Muchos ya sabíamos de la peligrosidad de la potencia y prepotencia de la única, que se cree y actúa como la superpotencia mundial actualmente existente, pero no
pensábamos que fuera posible, que se perdiera así la compostura y la sensatez, y se adoptara una actitud despectiva de ruptura con el derecho internacional, que llevara a la ley de la selva, vanamente camuflada, de lucha contra el terrorismo y de defensa
de la seguridad. La legalidad internacional ha saltado por los aires, hecha añicos y, la organización de las naciones ha sido desmoralizada hasta la humillación.
 
Es una lucha sistémica: rechazamos un "sistema y queremos otro". Rechazamos un sistema que es "capitalismo neoliberal globalizante", que en vieja plata llamaríamos "imperialista". Un imperio que hoy está fundamentalmente en manos de una nación. En positivo, diciendo otras palabras verdaderas, querríamos, queremos, un <socialismo democrático>,
una <democracia socializada, socializadora>. Sólo "socializando" bienes mayores - la tierra, la salud, la educación, la comunicación, la igualdad de oportunidades, de derechos y de responsabilidades - podrá haber *justicia y paz*. Ese "otro mundo", sólo podrá
existir en el clima de una cierta igualdad fraterna que comparta el sol y el pan, el aire y a técnica, la vida. Es una lucha simultáneamente espiritual, política, económica, cultural,
religiosa. Es cada ser humano, o la humanidad entera, queriendo humanizarse. Queremos un mundo donde quepamos todos y todas y donde <quepamos según la talla de la dignidad humana, todos y todas>

"Otro modo de ser humano es posible". Para el cual, en el viejo lenguaje religioso, nos urge constantemente la "indeclinable conversión", el "radical cambio personal". Para el "otro mundo posible", "otra persona ha de ser posible". Avisando a tiempo. El terrorismo tiene mucha más fuerza de lo que parece.Será el elefante y las hormigas, pero éstas pueden matar al elefante. "O nos salvamos todos o no se salva nadie": ése es el
desafío. En su afán de controlar el terrorismo, el sistema hace lo posible para que olvidemos su propio terrorismo, terrorismo estructural, sistémico, macroterrorismo (que en el fondo es la vieja y siempre nueva "violencia estructural"). Toda "desigualdad mayor", toda "exclusión social" es una tentación de terrorismo. Si quieres la paz, no prepares la guerra, ni hagas la "guerra preventiva", ni siquiera la "guerra contra el terrorismo", sino elimina el terrorismo original: <el hambre, la miseria, la exclusión, la marginación, el imperialismo>. Cualquier otra salida no lo es; es más bien un "círculo vicioso" o una
"espiral de violencia terrorista".

Al "otro mundo posible", al sistema alternativo, a la "altermundialidad". Y para que no se quede en sólo utopía, para ir forjando hoy el mañana que soñamos, ahora ya y en cualquier lugar hay que "bajar a la praxis de la globalización": vivir cada
uno, cada una, las propias prácticas cotidianas con esa visión, global y local a un tiempo, en esa pasión y, desde cada remo (local) "empujar el mundo (global)". Es posible construir otro mundo mejor. Si tú y yo nos lo proponemos. ¡¡¡Acompáñanos!!!