Translate

viernes, 6 de diciembre de 2013

La nueva razón del mundo, después del final de las incertidumbres. (lectura del ensayo de C.Laval y P. Dardot)



Estamos en el final de las incertidumbres, pero paradójicamente en una encrucijada de caminos, llenos de problemas y de sin sabores. Para poder situarnos más hemos de identificar el contexto en el que nos ubicamos y hay una palabra que lo define que es el Neoliberamismo, una nueva razón del mundo de doble capa, revestida a nivel geográfico y con una transcendencia en todos los planos de la vida de las personas.



Vivimos en la época del neoliberalismo un concepto que engloba una ideología, que tiene al mercado como realidad natural, al que se le pretende atribuir la autorregulación para que consiga equilibrio, estabilidad y crecimiento, y donde se evite la intervención del estado por miedo a que perturbe su fin.
Paradójicamente el neoliberalismo es también una forma de política económica que se ha instrumentalizado como praxis de los estados. Esto ha producido un progresivo desmantelamiento de las ayudas sociales, el incremento de los impuestos, y la creación de nuevas formas de redistribución de la riqueza. También ha estimulado la actividad sin fronteras del capital mediante la desregulación de los sistemas de salud, enseñanza, el mercado de trabajo, y el medio ambiente.


Pero cómo es posible que, a pesar de las consecuencias más catastróficas a las que han llevado las políticas neoliberales, están sean cada más activas hasta el punto de hundir a los estados y las sociedades en crisis políticas y regresiones sociales cada vez mayores?

Pues atacando la base, ya que el liberalismo no es solo destructor de instituciones y derechos, es productor de cierto tipo de relaciones, de maneras de vivir, de determinadas subjetividades, en  donde está en juego la matriz de nuestra existencia, la manera en cómo llegamos a constituirnos y comportarnos, como establecemos las relaciones con los demás, y que equilibrios mantenemos con nosotros mismos.  Esta es la forma de vida occidental, y de todas aquellas sociedades que eligen como paradigma la modernidad.

Esto implica a vivir en un contexto continuo y sin límites de competición generalizada, desde el trabajador, al estudiante, pasando por las comunidades que compiten incluso por la pobreza, hasta llegar a las poblaciones que están en una lucha económica entre si, sujetas a relaciones sociales de mercado.  Este panorama empuja a justificar desigualdades cada vez mayores, transformando a las personas en pequeñas “empresas” que han de ser gestionadas.
Esta concepción está presente en las políticas públicas, normativiza las relaciones económicas mundiales, y marca las relaciones intersubjetivas de las personas, produciendo que el capitalismo financiero se desboque hasta lo absurdo, que el individualismo socave hasta la marginación lo colectivo, y que aparezcan nuevas formas subjetivas de malestar y de exclusión social. La visualización más clara entre los pocos ricos y los muchos pobres…

Continuaremos…