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jueves, 31 de mayo de 2012


HIJOS DE UN DÍOS MENOR

Llego justo a mi cita con Berta, ni antes ni después, para  así evitar cualquier indicio de sospecha. Al encontrarnos agradece con una mueca  escurridiza mi presencia, y para asegurarse de que sigue el patrón establecido me habla mientras trata de convencerse a si misma;  - están otra vez ahí, tú ya lo debes de saber, pero trato de no hacerles caso. Hablemos de cualquier cosa para poder despistarles y que vean que no estoy sola, así me dejarán en paz.
Berta tiene mucha experiencia. Acumula algunos fracasos a su espalda. Horas en urgencias hospitalarias con su madre que le provocaron lagunas en su memoria, y que evocan emociones dolorosas a las que no quiere regresar. Cuando empiezan las voces recurre a su protocolo de urgencias, la lista de teléfonos, y la supervisión por su madre de la medicación. Su último internamiento hace tres años marcó un antes y un después. Por eso el rigor ha de ser contundente. Las confusas voces son irremediables, pero lo más importante es poner todos sus esfuerzos por impedir las frecuencias  radiofónicas, que más allá de emitir solo para ella,  le inducían a cometer actos contra su voluntad.
No fue nada fácil encontrar la estabilidad. Todo un periplo por combinaciones complejas de fármacos y terapias. Aprender  cómo reaccionar cuando la televisión hablaba de ella,  no escuchar a recónditas voces que advertían de pastillas envenenadas, descartar que todo el barrio conspirara a sus espaldas. Cuando parecía que la tragedia era el único final posible, Berta encontró lo que tapono su angustia, sentirse útil. Ser socialmente aceptada, y conocer la fortaleza de la autoestima gracias a un espacio sociolaboral. Las horas en el taller que a cualquiera nos sentarían como tediosas, a ella le proporcionan sosiego y previsión. Es ungüento a las heridas de su niñez, cargada de vivencias que la superaban, y de una adolescencia temprana llena de excesos. La ocupabilidad sin azares ni sorpresas la estabiliza, y además le proporciona un sueldo para sus gatos. No depende, con 35 años, al completo de su madre, puede decidir si va al cine o tomar algo en un bar con sus amigos. También pagar la parte de su tratamiento que no es cubierto por la sanidad pública. Dejó de ser una pesada carga para una pensionista no contributiva. Ha conseguido ser lo más parecido a  una persona autónoma, con capacidad de trabajar y mantener relaciones recíprocamente satisfactorias.
 Mientras en segundos repaso su historia, ella percibe que desvío mi atención, aprovechando para contrariarse con alguien que solo ella ve en la habitación. Le interrumpo, le pido que hable del día de hoy para así ahuyentar sus fantasmas. Cancela la conversación en neolengua,  y me habla de la angustia compartida con los compañeros de terapia. Una nuevo desespero, pero de rancio sabor conocido, que hoy le ha desatado los peores  recuerdos de la soledad y el embotamiento.  La pérdida de los programas de inserción sociolaboral.
 A pesar de sus debilidades, como ella misma dice, Berta  es un referente en el grupo de terapia. Controla las voces, y diferencia que es su realidad exclusiva, y cuál es el  mundo que comparte con nosotros. Por haber conseguido esta gesta tiene un papel destacado en las terapias. Sus compañeras también esperan una oportunidad para encontrar una oportunidad que les ayude a construir un proceso como el de Berta, y mejorar sus recursos económicos para completar los tratamientos.
De nuevo me sumerjo durante unos fugaces segundos en mis propios pensamientos, como suele hacer ella en días como hoy. Pienso en las amigas de Berta, que quedarán al margen de los logros de su compañera de terapia, como si tuvieran Derechos diferentes. Me pregunto si antes de decidir estos recortes alguien ha pensado en la fragilidad de estas personas, y en el padecer solidario de quienes les rodean, si son hijos de un dios menor.  Entonces hago como Berta, conjuro a los demonios de mi pensamiento y vuelvo al mundo de los mortales, pero a pesar de ello no deja de inquietarme la duda sobre qué sociedad se construye para  los más débiles si son los más desprotegidos, que les va a aportar el mundo de los cuerdos.
La retallada posa en perill la feina de 2.500 discapacitats.Cau a la meitat el pressupost destinat a la inserció laboral dels col·lectius més vulnerables
Berta sonríe de nuevo pero esta vez me mira a los ojos, ha vuelto a vencer a las voces, los fármacos han hecho efecto, el espacio de terapia actúa como pomada, y entonces recuerda que mañana su vida de superación continúa.