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lunes, 2 de julio de 2012

Los Ángeles de Minsk

Dedicado a Jesús el bombero que dio hasta su último suspiro por los ángeles de Minsk y tantos otros ángeles, Seguro que estaban esperando a su padre.

La vida en ocasiones nos golpea, y sus consecuencias son duras marcas que conservamos por siempre. La vida golpeó a Jesús de bien pronto y muy duramente. Dicen que la vida nos moldea, pero tan cierto es que nosotros también podemos moldearla a nuestro deseo.
Los primeros golpes de la vida hicieron de Jesús un hombre rudo, especialmente con los hipócritas. A su vez Jesús llenó la vida de ternura y esperanza para muchos niños. Nos demostró con su ejemplo como la vida es al fin y al cabo la responsabilidad de nuestras elecciones.
 Nunca desfalleció para ayudar a quién fuera necesario o se lo pidiera, por eso nunca soporto a los interesados que traficaban con las necesidades ajenas. Una persona interiormente inexpugnable, y menos para quienes viven de superficialidades. Los que pudimos adentrar un poco la vista en su interior vimos honestidad, responsabilidad, amor y solidaridad…ahora solo podemos lamentar que ya no estás y que no podemos llegar a ver un poco más de lo que te constituía  Contigo y de ti aprendimos. Gracias!



Los Ángeles de Minsk


He recuperado este texto escrito hace dos años. La razón, el viaje de un grupo de jóvenes de Rotllana a Belarús. Durante este podrán comprender reflexionar sobre muchas cosas, como yo me vi obligado en su momento...

La ciudad de Minsk tiene como escudo, una virgen rodeada de cuatro Ángeles... 

 ,un icono al que tras mi viaje a Bielorrusia le he querido encontrar una explicación, y para ello solo he podido encontrar una improvisada metáfora.

Minsk es la capital de Bielorrusia, en el año 1986, este país fue afectado por las emisiones radiactivas producidas por el accidente de la central Ucraniana de Txernobíl. A partir de ese momento, las autoridades del país trazaron un mapa de dos zonas geográficas, la contaminada y la libre de radiación. Minsk quedaba ubicada en la zona segura. Desde el accidente hasta hoy, no ha habido rigurosos estudios epidemiológicos, sobre la evolución de los efectos de la contaminación, en los seres vivos, y el ambiente. Aproximarse a la  magnitud del desastre y sus consecuencias, solo es posible observando los indicadores que se encuentran por el territorio, y marcan las zonas irradiadas donde se restringe el acceso. Otro aviso de la dimensión de la catástrofe, es la advertencia a pie de los bosques contaminados, donde se prohíbe la recogida de frutos y el contacto con los animales. También nos puede ayudar a calibrar la proporción del drama, los carteles informativos en los hospitales, que alertan sobre los días de viento, en los que es necesario cerrar las ventanas para evitar la contaminación por irradiación atmosférica…

Pero en mi viaje a Minsk he descubierto un indicador más sobre la situación de salubridad y contaminación radioactiva del país, algo que indica que las cosas no van bien… “los pequeños ángeles de Minsk…” …No afirmo haber visto ningún ángel, pero sospecho que Minsk está rodeada por cientos de ellos, ya que he podido contemplar la metamorfosis de los niños afectados por la radiación para convertirse en ángeles…

La metamorfosis de los niños irradiados se produce en lugares como los hospitales psiquiátricos para niños, auténticos orfanatos para almas perdidas. También en las ciudades, y en los rincones más recónditos de las áreas rurales. En todos estos lugares siempre hay un ángel que busca el momento de poder escapar de un cuerpecito roto.

Antes de pensar en la metáfora de los ángeles había oído hablar de los niños monstruo…, de los niños deformes.., de los niños radioactivos…, de la cámara de los horrores…, en fin… que expresión puede ser peor? Pero después de haber conocido la realidad de los niños afectados por la radiación, creo que solo pueden ser ángeles esperando escapar de la vaina de huesos y piel que oprimen y  aprisionan sus almas…

En el psiquiátrico de Minsk hay muchos niños de cuerpos rotos, esperando  liberar a su ángel. En un complejo hospitalario construido para albergar a cerca de cien residentes, en la actualidad acoge a más de doscientos niños, de los que la mayoria no abandonaran el resto de sus vidas, su camita o la silla en la que yacen postrado. Cuerpos indefinibles y miradas perdidas, dentro de sus cuerpos rotos solo un hilo de voz, convertido en un tenue gemido,  en ocasiones un llanto sin respuesta.

Son niños sin consuelo, por que las cuidadoras apenas pueden hacerse cargo de los 12 o 13 niños que habitan cada habitación. Solo con atender que no se asfixien al perder la postura entre los cojines, que no se ahoguen con su propia saliva, o que se les cambien sus pañales, antes de que las llagas se hagan insoportables, es todo el trato que pueden obtener. No hay besos, no hay tiempo para abrazos, no hay oportunidad para la ternura, no hay apenas nada que pueda ser identificado como un trato a la altura de su sufrimiento. Mientras el tiempo pasa, y ellos se consumen, esperando que ese ángel que todo niño lleva dentro pueda escapar y se libere.

En Slonin, otra zona libre de contaminación conocí a Valery, un niñito de 13 años, que apenas superaba el peso y la estatura de uno de seis. Trece años postrado en los que nunca habló, ni vio. Sus padres pensaron en entregarlo a un orfanato pero su abuela no lo permitió, a pesar de la naturaleza incomprensible de sus formas. Zoe su abuela, decidió fundir su vida con la de su nietecito. Ella no pide nada ni para si, ni  para su nieto, pero quisiera comprender por qué ellos tuvieron que pagar las consecuencias del desastre nuclear. Valery no puede ir al colegio, ni recibe tratamiento médico, tampoco tiene una paga que le permita hacer frente a sus necesidades, solo es otro niño esperando convertirse en ángel. Los sentimientos de la abuela Zoe se debaten entre no ver sufrir más a su nieto y no separarse nunca de él.

No lejos de allí vive Diana, su metamorfosis es más lenta, la niña tiene seis años, pero a los dos comenzó su maldición. Una enfermedad neurodegenativa, que afecta a muchos niños, y que poco a poco se ha ido apropiando de su cuerpo. Cada vez queda menos de la niña que se consume en la inmovilidad y en el aislamiento, mientras que la larva del Angel toma por completo su cuerpo. Su madre ha luchado por obtener respuestas, por comprender la enfermedad de su hija, y obtener un diagnostico acertado, pero hasta el momento ella y su hija solo esperan.

Muchos niños de Slonin, Gomel, Minsk y otras ciudades de Bielorrusia, esperan los últimos momentos de la metamorfosis, pero también quedan muchos niños aún afectados por la maldición que podrían escapar de ella. Evitar la maldición de no tener una vida feliz, de no poder ser niños, y de aspirar a ser solo ángeles. Me pregunto si esa es la única oportunidad que les podemos ofrecer, la resignación de ser solo ángeles, y contemplar la casualidad de que el escudo de Minsk esté formado por una virgen rodeada de ángeles, o tal vez tomar una decisión más responsable con la energía nuclear.